UN TRIMESTRE QUE NOS RECUERDA POR QUÉ IMPORTA LA PRUDENCIA
01. La crisis energética provocada por el bloqueo iraní del Estrecho de Ormuz ha situado de nuevo, la geopolítica en el centro.
02. Los bancos centrales han frenado las bajadas de tipos, por las nuevas previsiones de inflación al alza y desaceleración económica.
03. Nuestras carteras han resistido gracias al posicionamiento defensivo: energía, dividendo y duraciones cortas en renta fija han sido claves.
Cerramos el primer trimestre de 2026 con la sensación de que los mercados han vuelto a recordarnos una lección que nunca debería olvidarse: las previsiones tienen fecha de caducidad. El año comenzó con un consenso mayoritariamente alcista, sustentado en tres pilares: inflación bajo control, tipos de interés a la baja y crecimiento sostenido en la mayoría de las regiones, pero este escenario se ha visto profundamente alterado por la irrupción de conflictos geopolíticos que no estaban plenamente incorporados en los posicionamientos de mercado.
La escalada de tensiones en Oriente Medio, especialmente el conflicto con Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz, una vía clave por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, ha tenido un impacto directo en los mercados energéticos y financieros. El precio del Brent llegó a situarse en niveles cercanos a los 118 dólares por barril, reescribiendo el guion macroeconómico del ejercicio y reintroduciendo presiones inflacionistas tanto en Europa como en Estados Unidos. En este contexto, los bancos centrales se han visto obligados a adoptar una postura más cauta. Tanto el Banco Central Europeo como la Reserva Federal han pausado sus procesos de bajadas de tipos ante el riesgo de un repunte inflacionista derivado del encarecimiento de la energía.
En Europa, donde el crecimiento sigue siendo más moderado, con previsiones en torno al 1% para el conjunto del año, el escenario se aproxima peligrosamente a un entorno de estanflación que parecía superado. Este riesgo se vería intensificado en caso de una prolongación del conflicto en la región. Por su parte, Estados Unidos presenta una situación algo más favorable gracias a su menor dependencia del crudo importado a través de esta ruta estratégica, si bien parte de niveles de inflación más elevados, lo que podría condicionar igualmente las decisiones de la Reserva Federal.
Como ya anticipábamos en informes anteriores y en nuestras últimas intervenciones, el exceso de complacencia en las valoraciones nos llevó a adoptar un posicionamiento más prudente. En consecuencia, hemos mantenido una exposición a renta variable con sesgo hacia compañías de dividendo, reducido la duración en renta fija respecto a los índices de referencia y reforzado la diversificación por tipo de activo, estilos de inversión y geografías. Asimismo, hemos incrementado la exposición a estrategias alternativas con el objetivo de aportar descorrelación en entornos de mercado caracterizados por shocks exógenos.
En términos de comportamiento de los mercados, la mayoría de los índices de renta variable cerraron el trimestre en negativo, a pesar del buen desempeño observado hasta finales de febrero. Destacaron en positivo algunos mercados como el portugués y el brasileño, con rentabilidades de doble dígito. Por el contrario, índices como el Nasdaq, afectado por dudas en torno a valoraciones y al impacto real de la inteligencia artificial en determinados sectores, especialmente el software y el DAX registraron caídas significativas, en torno al 7%.
El trimestre concluyó con un giro relevante en el frente geopolítico, tras el anuncio de una pausa temporal en las hostilidades para favorecer las negociaciones en torno a la reapertura del Estrecho de Ormuz. Este contexto ha sido recibido positivamente por los mercados, que han recuperado parte del terreno perdido y la mayoría ya se encuentran en rentabilidades positivas en el año ante la expectativa de una resolución del conflicto, aunque no exenta de volatilidad. Somos conscientes de que los conflictos bélicos generan una incertidumbre que trasciende lo puramente financiero. En este entorno, nuestra aproximación no se basa ni en el optimismo forzado ni en el alarmismo, sino en el análisis riguroso, la vigilancia constante y la capacidad de adaptación. La prudencia, por tanto, seguirá siendo el eje central de nuestra estrategia en los próximos meses.

